¿Libertad financiera?... ¿dónde queda eso?




Hay personas que logran desarrollar rápida y tempranamente la capacidad suficiente para interpretar situaciones y conceptos diversos. Yo no. A mí me sucede todo lo contrario: cuando tropiezo con una idea, la leo repetidas veces e intento investigar más y más sobre el tema, casi hasta llegar al punto de «parálisis por análisis», del que luego me siento avergonzado, cuando, más adelante, asumo con determinación el problema y le meto el pecho, procesándolo y masticándolo hasta la saciedad.


Así me pasó hace unos ocho años, cuando me dispuse a aprender a esquiar sobre nieve; hace tres años, cuando empecé a investigar sobre alimentación y estilos de vida saludables y hace cuatro años, cuando empecé a entender que casi todas las decisiones financieras que había tomado en mi vida habían sido deplorables.


Ya es común encontrarse con la frase: ¡Nunca te arrepientas de lo que has hecho, que algo seguramente aprendiste de eso!... ¡Mentira podrida! No aprendí un carajo de mis malas decisiones en ese momento; por mucho más tiempo las seguí tomando mal, y, sí, sin lugar a dudas, me arrepiento. La educación financiera no existe hoy en día en casi ningún programa educativo oficial de ningún país y es en una de las principales carencias que sufre la mayoría. En el mundo actual, lleno de falsos gurús que te quieren enseñar a ser millonario en cinco minutos, hay también que aprender a navegar por un camino lleno de obstáculos, y ese es justamente la maravillosa vía por la que he estado derivando desde que «me cayó la locha» sobre este asunto.


Ahora, y seguramente sonará a cliché pero así procedí, para abrir los ojos tuve que hundirme en la lectura del best seller de Robert Kiyosaky, «Padre rico, padre pobre»; de «Money», de Tim Robbins y de otros textos menos connotados, pero que predican la misma idea acerca de la carencia de educación financiera que existe en nuestro sistema, carencia que resulta bastante conveniente para los que hoy están más arriba en la pirámide del capital acumulado.


No pretendo extenderme aquí sobre los contenidos mínimos necesarios para dar los primeros pasos por estos derroteros, pero sí me gustaría objetar la creencia de que por tener una cuenta en USD, porque aportas a la cuenta obligatoria de pensiones del país en el que vives y porque estás haciendo esfuerzos para comprarte una casa o apartamento (además para vivir en él), ya estás planificando sólidamente para el futuro y ya puedes tener el convencimiento de lo solvente que serás financieramente. Si tal es el caso, es bastante probable que estés viviendo una ilusión y eventualmente vas a recibir entonces un carajazo en la cara en cualquier instante.


Los Estados, en conchupancia con sus bancos centrales, te engañan a diario a medida que imprimen moneda sin respaldo, deteriorando así el valor de lo que tú, con tu esfuerzo, produces y acumulas, y todo esto pasa bajo tus narices. Mientras tanto, el sistema te mantiene muy ocupado en el intento de ganarte el dinero que ese mismo día ya se habrá depreciado, y he ahí pues la trampa en la que hemos caído muchos que ingenuamente creímos que escuchar el clásico consejo de nuestros padres -«estudia mucho, trabaja mucho, ahorra mucho y serás feliz mañana»- podría aplicarse al mundo de hoy. Para las personas comunes, el mundo de hoy se ha convertido en una yincana de problemas sistemáticos que hacen que mientras más ocupados estamos hoy, menos tiempo tenemos entonces para visualizar nuestro futuro. Esta imagen de la yincana es aplicable, en mi opinión, a las finanzas, a nuestras carreras profesionales, a la educación de nuestra prole y, en fin, a la mayoría de las cosas que tiene que ver con el porvenir.


¡Despierta hoy! ¡Piensa hoy en el mañana! Estás a tiempo, no importa cuando leas esto. Junto a sus desafíos, en esta época que nos tocó también tenemos acceso a una enorme cantidad de información para «autoeducarnos». Empieza a investigar hoy y no creas en mantras de «dinero rápido y sin esfuerzo» y, más bien, atiende a esta máxima de vida: «there’s no free lunch» («no existe almuerzo gratis»). Aprovecha las innumerables oportunidades de inversión inteligente que existen hoy: bienes raíces, commodities, renta fija, renta variable, criptomonedas. Trabaja en entender cómo construirte un portafolios diversificado y protegido que te acompañe en el camino hacia tu objetivo financiero, sea este en tres, cinco, diez o 30 años. Suena difícil, pero en verdad no lo es y lo digo por experiencia propia: yo también pensaba que iniciarme en la inversión en acciones, en cualquier bolsa de valores, era como ciencia de la NASA. Después descubrí que con tener un documento de identificación, una cuenta de algún servicio básico a tu nombre que demuestre la dirección en la que vives y 100 dólares, ya puedes abrir una cuenta de corretaje internacional y empezar a invertir. Antes pensaba que seleccionar las acciones en las que podría colocar dinero era un tema reservado para genios de Wall Street; después entendí que no es así y que hay varios tipos de inversiones remuneradoras para todos los niveles de experiencia, que van desde los «ETF», que diversifican tus inversiones por ti en función de tus objetivos, hasta productos derivados mucho más complejos. Hace dos años yo pensaba que las criptomonedas eran un asunto de «tecnología millennial» que jamás podría entender; hoy me arrepiento de no haberme iniciado antes en la comprensión de sus bases, pero ahora entiendo que todavía estamos en el arranque de la curva de desarrollo de esta modalidad tecnológica de inversión, y que no podemos darnos el lujo de quedarnos por afuera. Se trata, al cabo, de una oportunidad única de participar en un ciclo de creación de riqueza del que no estamos irremediablemente relegados. Aún es muy básico lo que he aprendido, pero al menos siento que he empezado en firme la fase de ejecución y que, eso sí, me queda mucho por aprender.


Te invito, si aún no lo has hecho, a aprender ya tomar las riendas de tu destino. ¡Empieza ya! Yo no soy asesor financiero, ni mucho menos, pero estoy a la orden para ayudarte en caso de que necesites ese empujón inicial que, en mi caso, espero no haber recibido demasiado tarde.

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